No recalaba por aquí desde que, hace un mes, me refería al movimiento de indignados 15M: "La revolución pendiente", titulé el apunte. Anoche tuve oportunidad de conocer a alguno de sus integrantes, y no fue en sereno coloquio, ni porque me abordaran y propusieran debatir, o porque me invitaran a conocer sus puntos de vista. La historia fue bien distinta. Unas ciento cincuenta personas nos habíamos reunido, en un acto convocado por la Diócesis y por el grupo de Jóvenes Profesionales Católicos al que pertenezco, para primero escuchar y luego dialogar, con Alfredo Dagnino, un cristiano comprometido. Poco había dicho el ponente cuando una docena de los asistentes, "sin duda de forma espontánea", interrumpieron el acto con gritos, lo ilustraron con máscaras y pancartas, lo decoraron con pegajosas serpentinas y lo aromatizaron con bombas fétidas. Terminado el encuentro con Dagnino, al que asistió el Obispo de Salamanca, varias decenas de indignados aguardaban, "no menos pacífica y espontáneamente congregados", al ponente, y tanto a él como a su esposa "acompañaron" hasta el lugar donde compartimos con ellos una agradable y frugal cena, antes de participar juntos en una vigilia de adoración eucarística nocturna. Que a una persona se la pueda acosar cuando camina por la calle, gritándola, recriminándola, no es libertad de expresión ni nada que se le parezca, cuando era precisamente el argumento empleado para justificar la gamberrada. Anoche me sentí violentado, dolido por el invitado (un humilde regalo costeado por el grupo de jóvenes ha sido su gratificación), triste por el ambiente de agitación en la calle, pero a la vez confortado por el ejemplo de serenidad de casi todos los presentes en la sala y por el entusiasmo apostólico de muchos con los que pude compartir unas palabras o unas elocuentes miradas. Quiero creer, y creo, que esas decenas de personas que agredieron a Dagnino y su mujer, lesionando su derecho a ir tranquilamente por las calles de Salamanca, no pueden ni deben representar las ansias de regeneración que, si hubieran escuchado al ponente, probablemente habrían descubierto que son compartidas con él, aunque su cosmovisión, si la tienen, no sea cristiana, ni sus principios concuerden, como los de Dagnino (y los míos), con los de la Doctrina Social de la Iglesia. Al fin y al cabo, como bien expresó al comienzo de la intervención (eso sí debieron escucharlo los que le interrumpieron), se trataba de una consideración personal e intransferible (como la de cada uno), sin pretensión de imponerla ni intencionalidad política. Y como subrayó el bueno de Alejandro al final, se trata de sumar las consideraciones de todos para enriquecernos y aprender. La mascarada y el griterío no fueron suficientes para conocer algunas, aunque sirvan para que muchos, de entrada, las rechacen. Yo no lo hago, pero confío en que en las acampadas, en los foros, en las asambleas, reciban a estos exaltados con un clamoroso: "Que no, que no, que no nos representan".sábado, 11 de junio de 2011
In aedificationem
No recalaba por aquí desde que, hace un mes, me refería al movimiento de indignados 15M: "La revolución pendiente", titulé el apunte. Anoche tuve oportunidad de conocer a alguno de sus integrantes, y no fue en sereno coloquio, ni porque me abordaran y propusieran debatir, o porque me invitaran a conocer sus puntos de vista. La historia fue bien distinta. Unas ciento cincuenta personas nos habíamos reunido, en un acto convocado por la Diócesis y por el grupo de Jóvenes Profesionales Católicos al que pertenezco, para primero escuchar y luego dialogar, con Alfredo Dagnino, un cristiano comprometido. Poco había dicho el ponente cuando una docena de los asistentes, "sin duda de forma espontánea", interrumpieron el acto con gritos, lo ilustraron con máscaras y pancartas, lo decoraron con pegajosas serpentinas y lo aromatizaron con bombas fétidas. Terminado el encuentro con Dagnino, al que asistió el Obispo de Salamanca, varias decenas de indignados aguardaban, "no menos pacífica y espontáneamente congregados", al ponente, y tanto a él como a su esposa "acompañaron" hasta el lugar donde compartimos con ellos una agradable y frugal cena, antes de participar juntos en una vigilia de adoración eucarística nocturna. Que a una persona se la pueda acosar cuando camina por la calle, gritándola, recriminándola, no es libertad de expresión ni nada que se le parezca, cuando era precisamente el argumento empleado para justificar la gamberrada. Anoche me sentí violentado, dolido por el invitado (un humilde regalo costeado por el grupo de jóvenes ha sido su gratificación), triste por el ambiente de agitación en la calle, pero a la vez confortado por el ejemplo de serenidad de casi todos los presentes en la sala y por el entusiasmo apostólico de muchos con los que pude compartir unas palabras o unas elocuentes miradas. Quiero creer, y creo, que esas decenas de personas que agredieron a Dagnino y su mujer, lesionando su derecho a ir tranquilamente por las calles de Salamanca, no pueden ni deben representar las ansias de regeneración que, si hubieran escuchado al ponente, probablemente habrían descubierto que son compartidas con él, aunque su cosmovisión, si la tienen, no sea cristiana, ni sus principios concuerden, como los de Dagnino (y los míos), con los de la Doctrina Social de la Iglesia. Al fin y al cabo, como bien expresó al comienzo de la intervención (eso sí debieron escucharlo los que le interrumpieron), se trataba de una consideración personal e intransferible (como la de cada uno), sin pretensión de imponerla ni intencionalidad política. Y como subrayó el bueno de Alejandro al final, se trata de sumar las consideraciones de todos para enriquecernos y aprender. La mascarada y el griterío no fueron suficientes para conocer algunas, aunque sirvan para que muchos, de entrada, las rechacen. Yo no lo hago, pero confío en que en las acampadas, en los foros, en las asambleas, reciban a estos exaltados con un clamoroso: "Que no, que no, que no nos representan".miércoles, 18 de mayo de 2011
La revolución pendiente
Confieso que cada vez presto menos atención a las noticias. O porque lo que se anuncia como noticia no me lo parece o porque prefiero encerrarme en el caparazón duro, íntimo y aislante que todos tenemos más o menos desarrollado. Guerras, hambre, crisis, mítines, terremotos, corruptelas, rescates, llegan a diario a mis ojos y a mis oídos, pero escucho poco y miro menos. Me habrá anestesiado el sistema, con su silencioso veneno, líquido elemento del quirófano global. Reconozco que dedico más tiempo a estrujar la clasificación de Segunda, en busca de un milagro, que a interesarme por las reformas económicas o por los programas electorales. Por esto, el domingo, cuando María y yo cruzábamos la Plaza Mayor de Salamanca, me pilló de sorpresa una concentración ante el local que el PSOE ha alquilado para la campaña. Gritos airados contra Zapatero que me incomodaron, pese a no compartir casi nada con el presidente. Gritos contra la Policía Nacional cuando llegó, cuatro o cinco agentes, que también me incomodaron. Gritos y manos alzadas. Arrinconamiento. Nada sabía de estas movilizaciones del 15 de mayo, que se prolongan estos días. Alusiones en Facebook me han llevado a leer el manifiesto publicado por Democracia Real Ya, y me pregunto si esa "revolución ética" de la que hablan, oponiendo ser humano y dinero, es posible hoy, y a qué ética obedecería, o si se trata de no obedecer a ninguna... Siempre he pensado que las grandes revoluciones estallan en cada persona y no en las plazas. Revoluciones de cuestionamiento, de trascendencia, de vocación. Imagino que también tenemos pendiente esa revolución.domingo, 24 de abril de 2011
Según su Palabra
No pasa nunca desde que pasó. Sigue pasando. Cada Pascua. Cada paso. No pasan sus palabras. Según ellas, vive. Según ellas, la muerte ya no tiene la última palabra. Sólo Él las tiene de vida eterna. Él, que siendo Palabra, carne se hizo, carne mortal para vencer a la muerte. Carne humana el divino Verbo. Carne masticable para la eterna vida. Carne crucificable para el perdón. Carne para meter el dedo en las llagas de sus manos, para comprobar la verdad de su promesa en la herida de su costado, para admirar la generosidad de su triunfo en sus pies atravesados pero vueltos al camino que lleva de Jerusalén a Emaús. Para que sus palabras hagan arder el corazón y sepamos reconocerle al partir el pan. viernes, 8 de abril de 2011
Mater Dolorosa
miércoles, 30 de marzo de 2011
Hic sunt dracones
Cuando en mi verano mejicano, allá por 2005, visité la Catedral de Monterrey, me topé con un cuadro grande en el que un cura con gafas impartía la bendición con el Santísimo. Ese cura era un santo no exento de leyenda, siendo tan cercano en el tiempo, y no exento de polémica, precisamente por eso. Y por su obra: la Obra. Jose María como empecé a nombrarlo y creo que le bautizaron, o Josemaría como se nombra ahora y le honra la Iglesia entre sus santos, es uno de los dos protagonistas de la película que acabo de ver: ésta. Una historia de perdón, de la Misericordia que permite burlar los dragones que, inevitablemente, todos encontramos, dentro y fuera, al poco de emprender la travesía. El santo del Opus, el santo de sotana y acento aragonés, el santo súbito, el santo de los tecnócratas en el gobierno de Franco, de lo oscuro y misterioso (ríos de tinta se han vertido) es, primero, santo. Contemplarle en los años de la Guerra (in)Civil, perseguido y pacífico, sin palma martirial porque Dios no quiso, como lo muestra el largometraje de Roland Joffé, me le hace digno de admiración, y hasta de devoción. Me acercaré a su figura. También me gustaría acercarme a su obra, la Obra, a través de quienes en ella viven la vocación cristiana, pero a menudo les querría más presentes y reconocibles en la Iglesia plural y visible, pobre y alegre, en la que me ilusiona peregrinar.domingo, 27 de marzo de 2011
Ser de la Unión
"Un partido para olvidar", comentábamos al salir del estadio. Lástima de mi buena memoria, a menudo comodín del público, para los partidos de la Unión desde que aquel 10 de septiembre de 1989 me llevaran a ver el Salamanca-Sabadell. Arlequinados entonces, blanquivioletas hoy, nos ganaron en casa, que ya es como segunda casa cada quince días. O cada trece, o cada dieciséis, pues el calendario se hace para los aficionados de sofá más que para los de grada, parece mentira pero es así. En este fútbol convulso, exagerado hasta el hartazgo, desnaturalizado y obsceno, donde la Liga la paran o la echan a andar por arreones dinerarios, en el que a la campeona del mundo la anuncian para jugar en patatales, donde sólo el Madrid y el Barcelona parecen merecer atención, ser del equipo de tu ciudad llega a ser hasta exótico. Ser de la Unión, en Salamanca, no es lo normal. "Si es que son muy malos...". "Si van a bajar...". "Hombre, a ver si sube y viene el Madrid...". Ser de la Unión es lo más grande en medio de tanta pequeñez. Once finales por delante.martes, 22 de marzo de 2011
Palabras de vida eterna
Todo a oscuras, apenas encendidas la luz del Cristo y la lamparilla del sagrario. Tambores que sobrecogen y ponen en camino los siete estandartes, pregonando en sus letras la lección postrera. Fue en La Horta, un año más, donde escuché palabras de vida eterna en medio de los silencios. Aún resuenan. Será porque llevan resonando desde aquel primer Viernes Santo de la historia, que tendría algo de martes y de barrio bajo, de pana verde y de románico templo, que tuvo y tiene mucho de Gracia y de Verdad.domingo, 20 de marzo de 2011
Equinoccio vernal
Viajando con Ainhoa desde Zamora tras la guardia, a ciento diez casi todo el rato, la mañana nos ha regalado una visión majestuosa. Las cumbres nevadas de la Sierra se distinguían perfectamente desde La Armuña. El cielo de un azul por fin azul. Las cimas, de un blanco abrillantado por un sol por fin brillante. Fueron unos pocos minutos, merecía la pena reducir hasta cien, y hasta noventa, para alargar la visión nítida pero sorprendente. Las distancias, acortadas; las estaciones, fieles al calendario. Daban ganar de hacer tres tiendas, como a Pedro en el Tabor, y quedarnos allí, a medio camino, pero tan cerca de la belleza, efímera y primaveral.sábado, 12 de marzo de 2011
Reúma, del griego ῥευματισμός
De pequeño, en mi ochentera infancia, ya hice algún que otro diagnóstico: las señoras (y algún señor) que llevaban esa pulsera dorada, abierta, con dos bolas en los extremos, padecían indefectiblemente reúma. A mí casi ninguno me llamaba la atención, no tenían pinta de enfermos. A algunos directamente les miraba a la muñeca y ya comprobaba que sanos no debían estar, y que sabe Dios qué tendría que ver la pulsera de marras con el tratamiento de su enfermedad, pero algo pasaría ahí. Las bolitas doradas, mano de santo, seguro. Hasta que dejé de verlas, y en conclusión, el reúma habría desaparecido, como la viruela. Hasta que, al poco, supe que el reúma es cajón desastre en la jerga médica popular. Ya me parecía a mí que mi padre nunca recetaba eso, y que a algún paciente mandaba a la farmacia, pero a nadie al joyero, donde supongo que duermen el sueño de los placebos los miles de "pulseras contra el reúma" que no fueran tiradas a la basura. En las mañanas de este mes, cuando van pasando los enfermos a la variadísima consulta de Reumatología, me sigo fijando en sus muñecas. Si están inflamadas, círculo. Si les duelen, cruz. Ya no lucen la pulsera que me facilitó mis primeros diagnósticos.sábado, 5 de marzo de 2011
Algo nuevo está brotando
Lo noto cada primer viernes de mes, cuando me encuentro con quienes vienen de lejos simplemente para encontrarnos. Lo noté aquella noche en que escuché el título y aquella otra en que supe sobre qué palabras sostenerlo. Lo sigo notando a lo largo de las semanas que unen la última reunión con la siguiente. Notarlo y dar noticia. Notarlo y que se note como se perciben las obras pequeñas que cooperan con la más grande que en el mundo ha sido, es y será. Estos brotes renuevan a los que hemos querido sembrar y ser semilla, mirar adentro para decir afuera, buscar el silencio, tener el alerta el corazón, callar y contemplar, siempre despiertos.
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