Estas Navidades... turrón de chocolate. No, estas Navidades, en plural, porque nace para el buey y la mula, para María y José, para los pastores, para los magos, para Herodes, para el hombre de hoy, para ti, para mí... estas Navidades, decía, guardias, también en plural. No en la posada, donde tampoco había sitio para mí, sino en un centro de salud que será portal de Belén y sala de espera, establo y consulta, estrella y linterna, pesebre y fonendo... Y que no falten. Felices Pascuas para todos los lectores de parte de este perezoso que escribe poco y corto. Que nazca en todos los corazones. Verbum caro factum est.
jueves, 20 de diciembre de 2012
domingo, 11 de noviembre de 2012
De par en par Salamanca

Un año más, y van cinco: 2008, 2009, 2010, 2011, y este otoño de 2012 que ha entrado en fríos sin que apenas asome el tímido sol, "amarillo y fugaz", del veranillo de San Martín. Poco escribo en este Despiertos para amar, pero veo que, al menos, siempre me ha servido como excusa para hacerlo alguna de las visitas de Las llaves de la ciudad. La cola del lunes pasado me abrió las puertas de la Sacrístía de la Catedral Nueva y del Convento de Santa Isabel, de la mano de Mariano Casas. Pocos habrá que se le igualen en detalles en la explicación y en apasionamiento a la hora de desvelar lo que encierran esos sagrados lugares. Teatralizada esta vez la siempre indispensable visita a San Esteban, allí donde Colón soñara con algo, allí donde Unamuno pidiera respuestas, allí donde almirante, rector y tantos otros escucharan a las piedras y las supieran vivas, siempre elocuentes, siempre maestras. Esta mañana de domingo, haciendo ya acopio de resistencia para otra cola de lunes, el destino ha sido el Monasterio de la Anunciación, nuestras queridas vecinas las Úrsulas, y después la iglesia de Santa María de los Caballeros, que ahora rige el padre Nicodim para que los hermanos ortodoxos rumanos recen con él al que es un solo Dios y Padre. El sepulcro del Arzobispo Fonseca y las pinturas del antiguo retablo bien merecen padecer los rigores del noviembre salmantino, y que, curioseando en el bolsillo, junto a las llaves de casa, te topes, de vez en cuando, con las de tu ciudad.
viernes, 2 de noviembre de 2012
Sueltas en surcos de amores
Honda impresión, de las que dejan poso, de las que tocan la fibra hasta conmoverla, causó en mí el relato manuscrito de Marañón sobre sus viajes a Las Hurdes, uno de ellos junto al rey Alfonso XIII, con las correspondientes fotografías de Campúa. Han pasado noventa años. Y más desde que el viaje real contestara a las súplicas enérgicas del obispo Pedro Segura, entonces en Coria, luego cardenal de Toledo y de Sevilla, y la denuncia en verso de Gabriel y Galán, ambas incluidas en el libro. Clamaban prelado y poeta por la penuria que sufrían los hurdanos, hundidos en la miseria de su hermosa montaña: "De hambre del alma se mueren, se mueren de hambre de pan". Demandaban el socorro del primero de los españoles: "Que Dios corona a los reyes / para que a mundos mejores / lleven innúmeras greyes, / mejor que atadas con leyes, / sueltas en surcos de amores". Estas semanas he paseado por los escenarios de la real visita, imaginando cómo la lluvia hubiera enfangado las sendas, ahora de asfalto. Hoy escribo en Casares de las Hurdes. Otros días, en Fragosa, en Martilandrán, en El Gasco, en Nuñomoral... Pueden leerme, al instante, en la otra punta del planeta. Hace noventa años, y menos, era un triunfo para estos hermanos "jurdanos" alcanzar los valles vecinos, respirar otro aire si no más puro, sí más esperanzador. Estas semanas he entrado en casas nuevas donde se vive a la usanza antigua, como si todavía hubiera que convivir con el ganado en los establos-vivienda de pizarra. Rostros que aparecen, quizá, en las instantáneas de Campúa, porque algún que otro nonagenario me he encontrado. O en los planos de Buñuel. Rostros supervivientes. Las Hurdes siguen impactando. Y los grandes de la tierra han de seguir escuchando denuncias y gritos de socorro, y todos hemos de darnos por aludidos, porque ante tanto dolor, ante tanta hambre, sólo queda seguir trabajando por la Justicia encendidos en la Caridad. Eso he visto en el Cottolengo: Amor de los amores en el centro, Amor cierto y entregado.
domingo, 7 de octubre de 2012
Una bandera ens agermana: Blaugrana al vent

Parece que esta tarde el Barcelona renuncia a sus colores, a los colores aludidos en su precio himno: "Tant se val d´on venim, si del sud o del nord, ara estem d´acord, estem d´acord, una bandera ens agermana. Blaugrana al vent...". Porque son el azul y el grana los que hermanan a la afición barcelonista, de la que sólo una parte minoritaria ha nacido o vive en Cataluña. Más que un club por esto, no por otras leyendas de valores catalanistas o democráticos, y basta conocer un poco la historia del Barça al que admiro. Qué tranquilidad que en el estadio al que acudo no se celebren aquelarres políticos y nos basten el blanco y el negro de la Unión para disfrutar de una tarde deportiva.
viernes, 10 de agosto de 2012
Seiscientos ochenta y seis
Teníamos Carlos y yo cuatro y seis años cuando, blanquinegros en el exilio, ya cantábamos nuestra propia versión del himno: "Hala Unión Deportiva Salamanca, Hala Unión y viva la afición...". Mirábamos una y otra vez la última página del álbum de la Liga 89-90, en la que bajo el del Sabadell y sobre el del Sestao, relucía el escudo de nuestro equipo. Inolvidable el momento en que, al abrir el sobre, entre los cromos de Futre, Hugo Sánchez o Laudrup, aparecieron el toro, el puente, la encina, el balón de otras épocas y esas tres mágicas letras entrelazadas de forma inconfundible: U D S. Hacíamos virguerías para enterarnos de lo que estaba pasando en El Madrigal o el Rico Pérez en aquellos trágicos play-offs, porque ni existía internet ni a Carrión llegaba la sintonía de las radios locales salmantinas. Apenas las conexiones en los programas nacionales, para llevarnos el disgusto de que el club de nuestros amores seguiría un año más en el pozo. Pero fue volver a Salamanca, sacar el abono y ascender. Primero en el campo del Levante, y después en la noche gloriosa de Albacete. Ya han pasado diecisiete años de aquello, al pozo regresamos y no se divisa a un fray Juan de Sahagún que eleve milagrosamente las aguas, amanse al toro de las deudas o pacifique los encrespados bandos de la incertidumbre. No vendrá este año el Lalín pero sí el Coruxo. No nos visitará el Getafe, sino su filial. Pasaremos frío los domingos por la tarde. Sufriremos. Pero merecerá la pena si "el Helmántico se llena de gritos de la afición, cuando el equipo volcado lucha y brega con amor", como el gran Pepe Ledesma describía en las letras del himno unionista. Pues eso. Con amor a los colores de mi equipo, más allá de que el fútbol haya perdido el encanto que tenía, preso del vil metal. Larga vida al toro, al puente, a la encina, a ese vetusto balón y a las tres letras que nos hacen vibrar a tantos salmantinos.
domingo, 29 de julio de 2012
Lo importante es participar

No por muy repetido deja de ser verdad, aunque verdad sea palabra políticamente incorrecta. Participar, hace ciento cuatro años, cuando esas tiradoras con arco apuntaban a la diana embutidas en sus negros vestidos, y participar hoy, en judo o tenis de mesa, oculto el cabello por el hiyab. Participar hace sesenta y cuatro años, deprimido el mundo entero por la Segunda Guerra Mundial, o hacerlo hoy, deprimido de otra forma, aunque parezca que la crisis acaba de llegar porque nos ha tocado a nosotros. Viajar a Londres en 1908, en 1948 y en 2012. Embarcarse para una travesía de semanas, lo que justificaba que los primeros juegos londineses duraran seis meses. Los de la austeridad, en 1948, lo mismo que estos, poco más de dos semanas.
El gran sueño de Coubertin, en sus casi doce décadas de realidad, ha transformado ciudades, aplacado rivalidades y encendido recelos. La sangre del odio vertida en Munich. Los boicots de Moscú y Los Ángeles. El "amigos para siempre" de Barcelona. El fuego olímpico que ha iluminado la descalcez de Abebe Bikila y la normalidad de Fanny Blankers-Koen, dando calor en el pebetero del estadio a las gestas individuales y a las hazañas colectivas. Mortales carpados y tsukaharas en la voz de Paloma del Río. Ippones, waza-aris y yukos que nunca distingo sobre el tatami. Penalty-corner y penalty-stroke sobre una hierba que en Londres es azul para los sticks (basta con la verde de Wimbledon para las raquetas). Mariposa, espalda, braza y crawl cultivados en la piscina por gente con estilo. Velas que el viento mueve para lustrar el medallero de España. Jabalinas voladoras. Pertiguistas hermosas. Rías donde mojar zapatilla tras la estela de un keniata. Más rápido. Más alto. Más fuerte. jueves, 12 de julio de 2012
Pueblos
Hay pueblos en que las banderitas de las fiestas se pasan todo el año colgadas en la calle Mayor, en la Ancha, en la Larga, en la de la Iglesia, en la de la Ermita y en la Plaza de España, o de la Constitución, o del Generalísimo, según los casos. Hay pueblos que hace unos pocos años encargaron el escudo heráldico que nunca tuvieron y la bandera que nunca ondeó en el balcón de su Ayuntamiento. Hay pueblos que queman el presupuesto en toros, verbenas y disco-móvil. Hay pueblos con las calles bonitas, el polideportivo bien puesto, la piscina olímpica, la escuela cerrada por falta de niños, la parroquia cerrada por falta de curas y la casa del médico convertida en hogar del jubilado. Hay pueblos que se llenan en verano de los que un día emprendieron el camino hacia Sabadell, Rentería o Alemania, de sus hijos y sus nietos, que se llaman Jordi, Izaskun o Franz. Hay pueblos que lloran en septiembre, cuando se vacían, cuando las despensas están expoliadas y las calles desiertas, cuando la bici de Sergi quedó en el corral junto a la de Ainhoa, cuando siguen moviéndose las banderitas al son del viento, como si mañana fuera el santo patrono que salió en agosto en andas de cuatro. Hay pueblos como Marchagaz o Palomero para debutar con picadores, después de mis primeras becerradas en Villamor, Fuentelapeña y Castrillo, y habrá pueblos, espero, para tomar la alternativa antes de confirmarla. Del 16 al 31 estoy anunciado en Tornavacas.
jueves, 17 de mayo de 2012
Zamora en el corazón
No me contaron cuando roté en Cardiología que Zamora podía quedarse en el corazón, pero el hecho es que se ha quedado, que se me ha quedado. Ha sido cosa aprendida más bien en consulta de centro de salud, de nuestro vetusto Parada del Molino, que iban a hacer nuevo cuando llegué y dejo aún más vejete en la hora de irme. Ha sido materia estudiada en las sencillas casas de San Lázaro, San José Obrero y el Espíritu Santo, al pie del lecho del dolor. Ha sido tanto lo vivido en estos cuatro años que el corazón ya tiene para siempre por inquilina a esta ciudad que late al son del Duero.
Guardo en el corazón la entrañable relación con Pedro, con el resto de médicos tutores y con todos los compañeros residentes, con enfermeras, auxiliares, celadores, administrativos... Da gusto trabajar cuando estás enamorado de tu profesión y disfrutas atendiendo a las personas que requieren tu ayuda, a veces simplemente escucharlas.
Guardo en el corazón los momentos compartidos con Alberto, Víctor, Noelia y cuantos rezamos a la Virgen bajo la advocación de la Concha, hermanos de esa cofradía de tantas noches de tertulia, de tantos paseos por esta hermosa ciudad que tiene por patrona a la que ha vuelto a su trono de San Antolín.
Guardo en el corazón también momentos amargos, que los ha habido, de esos que hacen asomar lágrimas cuando el músculo se cansa de bombear vida.
Guardo como un tesoro los cuatro años de Zamora, a la que siempre volveré como quien vuelve a casa.
miércoles, 28 de marzo de 2012
Muñidor de mochila
Muñidor. 2. m. Criado de cofradía, que sirve para avisar a los hermanos las fiestas, entierros y otros ejercicios a que deben concurrir. No un muñidor como Paco o Rubén, cuando en la noche del Lunes Santo, a toque de esquila, anuncian la llegada de la Vera Cruz. He sido estos tres días muñidor de mochila, gastando suela, desempedrando las calles como diría María Teresa, llamando a las casas de los cofrades y depositando en sus buzones el número doce de la revista Lignum Crucis. Muchos la retiraron en la sede de la hermandad, a otros se la llevaron, a unos cuantos se les ha enviado por el correo ordinario y a bastantes se la he acercado en estos días de vacaciones, de vísperas, de novena que pregona, de pregón que nos anuncia (gracias, Javier) y de anuncio que, sin duda, nos tiene que conmover.
Ocho centenares de hermanos de la Vera Cruz, siglos ha, eran avisados por el muñidor o los muñidores de la Cofradía. A unas pocas decenas he tenido el privilegio de convocar para que el viernes acompañen a María en la ceremonia cuaresmal de contemplar sus Dolores, para que el sábado entronicen al que duerme, sonríe y nos abraza, para que alcen sus Ramos en junta general de sueños compartidos, para que hagan de la noche del lunes una silenciosa oración, para que se sienten a la mesa fraterna del cenáculo, para que adoren la Cruz de la que han bajado a Cristo, nuestro Bien preciado, para que proclamen la Resurrección no como rito sino como Verdad que todo explica y que todo transforma, en la vida de cada hombre, en el devenir de la Historia.
Portales suntuosos y sencillos, escaleras de vecinos, cortas conversaciones, el centro y los barrios, de Garrido a San Bernardo, de Vidal a Labradores, tan distintos, tan iguales, tan unidos por la Cruz, que es para todos, que a todos convoca, que a nadie deja fuera de su sombra fresca de Árbol de Salvación.
sábado, 21 de enero de 2012
Unidad en la diversidad
Hace casi tres años compartí lo que fue un feliz hallazgo. Esta mañana, he comenzado a completar el descubrimiento. Si el breve encuentro con el padre Laurentiu aquella mañana dio pie a la invitación para que la parroquia ortodoxa se uniera a la Cofradía de la Vera Cruz en la oración común a la Madre de Dios, nuestra Madre Dolorosa, ahora ha sido con el grupo de Jóvenes Profesionales Católicos con quien he conocido algo más sobre lo que celebran estos hermanos de Rumanía, de la mano del padre Nicodim, tan cercano y hospitalario. Como bien nos ha dicho, esta semana de la unidad ha de ser semana de puertas abiertas, de entrar en casa del otro y de recibir al otro en la propia, de sumar lo que nos une para que vaya restando a lo que nos separa. Y así, adelante, sin buscar atrás conflicto, sino tendiendo puentes para una pronta reunión, para comer el mismo pan de la Vida.
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